50 Libro Apnea del Sueño

Después de padecer Apnea del Sueño durante más de 10 años, durante un viaje en avión
hacia Madrid para presentar mi novela histórica “Genserico, rey de los vándalos”
conversando con el pasajero que me tocó de vecino en el avión, se me ocurrió que el
problema de la Apnea del Sueño podría ser simplemente un déficit de sodio en la sangre.
Toda intuición surge de varias observaciones.
En este caso una de ellas fue que padezco de Riñon Poliquístico, enfermedad que en inglés
también se llama “salt consuming disease”, “enfermedad del que consume o gasta
demasiada sal”
Otra observación fue haber visto en mi hacienda ganadera que cuando a las vacas no se le
suministra sal empiezan a comerse el suelo. No sólo comen pasto: además directamente
comen tierra. Pregunté al encargado por qué comen tierra. Dijo porque les falta sal. Las
vacas sólo necesitan pasto, agua y sal
La tercera observación fue mi conversación con el vecino en el avión en vuelo a Madrid.
Me contó que su abuela padecía de una enfermedad que se caracterizaba por su
tendencia a no moverse y su incapacidad de comunicarse. Mi vecino, agrónomo, imaginó
que como a los animales un poco de sal podría ayudarla. La anciana resucitó cuando
incluyeron sal en sus comidas
Más tarde me enteré que ese mal que padecen los viejos a los que les falta sal, se llama
estupor y que la medicina tradicional admite que este mal es derivado de la falta de sodio.

Una vez que sospeché que la Amnea del Sueño es consecuencia de la falta de sal empecé
a comer con sal durante la cena antes de dormir, lo que no tuvo ningún efecto positivo.
Entonces investigué acerca del proceso de absorción de la sal en el organismo.
Así supe que la sal se absorbe en el intestino grueso, de modo que si un adulto mayor en
la cena se come un bistec con sal, esa comida pasará seis a ocho horas en su estómago y
solo después llegará al intestino grueso, con lo cual la absorción de la sal se producirá
muchas horas después de ingerida

Entonces decidí ver la posibilidad de absorber la sal directamente desde la boca.
Me puse sal bajo la lengua. Esto tuvo un efecto extraordinario.
Cada vez que se me presentó una crisis de Apnea del Sueño me levantaba de la cama me
ponía sal debajo de la lengua y, tras botarla y enjuagarme la boca, repetía este proceso
tres veces. Con ello la Apnea del sueño desaparecía no sólo por esa noche sino por varias
noches.
Había hecho un descubrimiento verdaderamente extraordinario.
Con esto se demuestra que la teoría médica de que la Apnea del Sueño, esto es, la
incapacidad de respirar en forma autónoma o de respirar cuando se duerme es
consecuencia de un daño cerebral que no tiene remedio, es falsa.
Es una burda mentira.
Esa teoría tiene como exclusivo propósito hacer creer al paciente de Apnea del Sueño que
su enfermedad es irremediable y que tiene que hacer uso del CPAP y de los accesorios
para el CPAP que logren venderle.

Esto da lugar a una industria, la del CPAP, que vende 3.000 millones de dólares anuales.
Este engaño también da lugar a la industria de los exámenes del sueño o somnografías.
Numerosas clínicas y doctores viven de este engaño y someten a sus pacientes a
exámenes innecesarios.
No son necesarios porque para saber si se tiene o no Apnea del Sueño basta con
preguntarse por qué y cómo uno se ha despertado en la noche.
Si se despierta buscando aire desesperadamente es que padece Apnea del Sueño.
Otro síntoma es la pérdida del reflejo respiratorio, esto es, no se tiende a respirar
naturalmente y para hacerlo hay que actuar voluntariamente: se aspira aire solo si hay la
determinación de hacerlo.
El enfermo que padece este mal tiene sueños en los que se va poniendo en una situación
de dificultad para respirar, de dificultad para desplazarse o de claustrofobia.
Se ve entrando en una caverna cada vez más estrecha. O a un recinto con tanta gente que
se siente cada vez más aprisionado. O subiendo una montaña que le hace sentirse cada
vez más cansado y falto de aire.
Entonces no es necesario botar el dinero yendo a clínicas del sueño o comprando un
CPAP.
Basta con levantarse, lo que es indispensable, ponerse sal bajo la lengua, mantenerla ahí
tres minutos y repetir este proceso tres veces.
Cada vez que se ha mantenido sal bajo la lengua es necesario enjuagarse la boca para
evitar la irritación de ésta o del estómago a consecuencia de un eventual o involuntario
haber tragado sal.
La idea no es consumir sal.
Es absorber el sodio que contiene la sal y conseguir que ese sodio llegue al flujo sanguíneo
lo antes posible.